Veo estos días muy preocupado al PP aragonés por los asuntos sanitarios. El problema es que no están preocupados por las esperas, por la reducción de las plantillas o por la pérdida de calidad del servicio; están preocupados porque se les ha visto el plumero.
Los conservadores han tratado de construir un relato en el que hace dos años y medio todo era malo y ahora todo es bueno. Y claro, se les ha caído el castillo de naipes.
Esgrimen cifras ridículas y diversas falsedades sobre el anterior gobierno socialista que hacen sonrojar a los que conocen la sanidad pública. Ni se despidieron 2.600 profesionales, ni se cerraron 38 consultorios, ni hubo disminución del gasto ni había pacientes en los cajones. Y así muchas más…
Desmentir esas patrañas sería insultar a los lectores y eso está muy lejos de mi intención.
Hasta usan unas palabras sacadas de contexto del recientemente fallecido presidente Javier Lambán para atacar a su propio gobierno. Ese es su mal gusto y esa es su manera de hacer política.
Lo que realmente ha ocurrido es que, en esta fallida legislatura, el PP de Jorge Azcón ha empeorado notablemente la sanidad pública aragonesa. Y la verdad no tiene remedio.
Han quitado médicos de Almudévar, de Ayerbe, de Bujaraloz o de Santa Eulalia del Campo, entre otros.
Han quitado enfermeras de Aínsa, de Binéfar, de Sariñena, de Fidel Pagés, de Pirineos, de Fuentes Norte, de San José Norte y de algún centro más.
Han cerrado el centro de salud de Santo Grial, en Huesca, y no han sabido poner en funcionamiento ni los nuevos hospitales de Teruel y Alcañiz, obras que se encontraron casi acabadas.
Tampoco han podido inaugurar el centro de salud del Perpetuo Socorro, en Huesca, y eso que obra completa y equipamiento han sido pagados íntegramente por el gobierno de Pedro Sánchez.
En Zaragoza, 300.000 habitantes esperan 20 días o más para ser vistos por su médico de familia. Mientras, han destrozado el modelo de la atención continuada y han fiado su torpe organización a una asistencia de urgencias ineficaz, insuficiente y lejana.
Los hospitales de Calatayud o Barbastro han tenido que derivar cientos de pacientes que, anteriormente, se podían tratar allí sin problema alguno.
Han cerrado más camas que nunca, han contratado menos y han disminuido la actividad hasta el extremo.
No han propiciado avances reseñables en salud mental pese a prometerlo muchas veces.
La inmensa nómina de altos cargos en el Departamento de Sanidad no ha conseguido encontrar soluciones a ninguno de los retos de presente y de futuro.
Todo esto y muchas cosas más han hecho en este poco tiempo. Si llegan a tener más no dejan ni los huesos del sistema sanitario.
Pero siguen diciendo que lo mejoran.
Me recuerdan a esos estafadores de “El golpe”, la gran película clásica.
Ellos urdían magníficas estrategias para que sus víctimas se lo creyeran todo y quedarse, de ese modo, con su dinero.
El PP aragonés intenta lo mismo, pero su gran intención es expulsar al ciudadano a la sanidad privada. Bien sea porque directamente le envían allí o le atienden médicos de estas empresas, o bien sea porque no le asisten y tiene que buscarse otra opción.
De eso va todo esto, de servir a sus verdaderos patrones.
Eso sí, como no tienen el encanto de Paul Newman y Robert Redford no va a salirles bien el golpe.